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El jabón

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lavado de manosPocos artículos de consumo son más omnipresentes o de uso más frecuente que el jabón. En la historia de la industria farmacéutica son pocos los productos que han mantenido su marca comercial por periodos tan prolongados como los jabones. Es quizás la primera sustancia fabricada con la que entramos en o en nuestras vidas y sigue siendo una necesidad diaria a partir de entonces.

A lo largo de su extensa historia, el proceso químico para la producción de jabón no ha experimentado grandes cambios. Los aceites o grasas neutros se hierven con álcali en una reacción que produce jabón y glicerina (saponificación). Las sales de potasio producen jabones suaves, mientras que los jabones de sodio son más duros y utilizados con propósitos más diversos. Cuando el radical metálico es calcio o magnesio, se producen jabones insolubles, que solo forman espuma cuando se disuelven en agua dura. La calidad del jabón producido depende sin dudas de la calidad de los materiales empleados en la reacción. Los primeros intentos de producción de jabón se basaron en la ceniza producida al quemar diversos materiales vegetales, como una fuente improvisada de álcali.

No se conoce con exactitud el origen del jabón, pero los primeros documentos escritos se encontraron en unas tablas sumerias de arcilla del año 2500 a. C. en Mesopotamia. Se decía que los antiguos hervían mezclas de diversos álcalis y utilizaban su residuo para lavarse. Los egipcios ya utilizaban un producto jabonoso que consistía en una mezcla de agua, aceite y ceras vegetales o animales, fórmula que fue utilizada también por los griegos y los romanos; estos últimos también conocieron una sustancia similiar al jabón a través de los galos.

Plinio el viejo, historiador romano, menciona en sus escritos un ungüento de ceniza de haya y grasa de cabra que los fenicios utilizaban como untura para el cabello. Galeno menciona el jabón usado específicamente para el lavado en el siglo II.

En el Medio Oriente se produjo un jabón de baño duro con un olor agradable durante la Edad de Oro Islámica, cuando la fabricación de jabón se convirtió en una industria establecida. De esa época datan recetas para la fabricación de jabón, que incluía una guía para producir glicerina a partir de aceite de oliva. Así, se produjo jabón a partir de la interacción de los aceites grasos y las grasas con los álcalis. En Siria, el jabón se producía utilizando aceite de oliva junto con álcali y cal, y era exportado a otras partes del mundo musulmán y a Europa.

En España, la planta salsola se empleó para producir una ceniza alcalina llamada barilla. Esta se mezclaba y se hervía con el aceite de oliva producido en la región. Al exprimir o ¨granular¨ el licor hervido con salmuera, el jabón quedaba flotando en la superficie aparte de la lejía, el colorante vegetal y las impurezas que eran desechadas. Esto produjo lo que probablemente fue el primer jabón blanco y duro de buena calidad: el jabón de Castilla, también conocido por los farmacéuticos como sapo hispaniensis o sapo castilliensis. Lo que originalmente fue un producto importante para la región de Castilla situada en el centro de España, finalmente se convirtió en el nombre genérico de los jabones de aceite de oliva blancos y duros.

En la edad media, el jabón era un artículo ya de uso general. En el siglo XV aparece el jabón de Marsella, en la región de Francia del mismo nombre y precursor de los jabones actuales, preparado con una mezcla de huesos (ricos en potasio) y grasas vegetales. La industria jabonera floreció en las ciudades costeras del Mediterráneo, favorecidas por la abundante presencia del aceite de oliva y de sosa natural.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses desarrollaron un tipo de jabón que podía utilizarse con agua del mar, pensando en los marines destinados al Pacífico: así nació el jabón dermatológico, el menos agresivo de todos los jabones.

El jabón es una sustancia muy versátil. Además de la venta del artículo tradicional, existen una gran variedad de productos derivados del jabón con numerosas aplicaciones farmacéuticas tales como pastillas, lociones y linimentos, dentífricos, emplastos, enemas, supositorios y cataplasmas, además de productos veterinarios.

Producto de limpieza

Los jabones ejercen su acción limpiadora sobre las sustancias grasas en presencia del agua debido a la estructura de sus moléculas. Estas tienen una parte liposoluble y otra hidrosoluble. El componente liposoluble hace que el jabón ¨moje¨ la grasa disolviéndola y el componente hidrosoluble hace que el jabón se disuelva a su vez en el agua. Cuando un jabón se disuelve en agua disminuye la tensión superficial de esta, lo que favorece su penetración en los intersticios de la sustancia a lavar.​

Por otra parte, los grupos hidrofóbicos del jabón se disuelven unos en otros, mientras que los grupos hidrofílicos se orientan hacia el agua, generando un coloide, es decir, un agregado de muchas moléculas convenientemente orientadas.

Producto para la higiene

El lavado de manos con jabón desprende los microorganismos de la piel y los elimina mecánicamente enjuagándolos con agua. La limpieza con sustancias de acción detergente consiste en la eliminación física de materiales extraños o microorganismos, aunque no los mata. En los últimos años se han comercializado una gran cantidad de productos para la higiene de las manos, incluidos muchos con actividad antimicrobiana. Un jabón antimicrobiano combina la acción de limpieza de la eliminación física de materiales extraños con un agente antiséptico que mata a los microorganismos. Los agentes antimicrobianos (por ejemplo: alcohol, clorhexidina, yodo, triclosán, hexaclorofeno) generalmente tienen una actividad sostenida en la piel que continúa reduciendo el número de flora microbiana después de que se haya completado el lavado de manos.

Estudios sobre la eficacia de los productos para la higiene de las manos han demostrado que los agentes antisépticos (jabones antimicrobianos o desinfectantes antisépticos sin agua) son significativamente más efectivos para reducir los conteos microbianos en la piel que el simple jabón y el lavado de manos con agua para reducir la flora de la piel.

Mantener las manos limpias es una de las medidas más importantes que podemos tomar para evitar enfermarnos y transmitir los microbios a otras personas. Muchas enfermedades e infecciones se propagan por no lavarse las manos, al menos, con agua corriente limpia y jabón. Las organizaciones de salud en todo el mundo, basándose en investigaciones científicas realizadas por expertos, recomiendan lavarse las manos de una manera eficiente para evitar enfermarse y propagar microbios a otras personas.

No obstante, el acceso al jabón es limitado en muchos lugares del mundo. En países como Etiopía mucha gente utiliza cenizas o arena para su aseo personal, porque no pueden obtener jabón.

Si bien el desinfectante de manos a base de alcohol no se produce actualmente a precios asequibles en los países en desarrollo, la formulación no es difícil de fabricar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado pautas para la fabricación local de desinfectantes para manos que podrían implementarse en estos países. Es necesario realizar más investigaciones para evaluar la viabilidad financiera y los posibles beneficios para la salud de promover el desinfectante de manos como una opción alternativa para la higiene de las manos en los países en desarrollo, donde las cantidades de agua disponibles para el lavado tradicional a menudo son limitadas.

Organizaciones mundiales como la , la , la y los , realizan campañas de comunicación para la promoción de conductas saludables en cuanto a la higiene efectiva y la prevención de enfermedades transmitidas por microrganismos.

En Cuba

En Cuba, la industria jabonera posee una trayectoria de más de 150 años. La primera instalación creada tuvo lugar en 1860 por los hermanos Sabatés Costa. Se ubicó en sus inicios en la calle Matadero No. 1, pero después de un incendio de grandes proporciones se mudaron en la misma barriada a una nueva locación de mayor capacidad, situada en Universidad No. 72.

Fuentes: